¿Hay una edad adecuada para dar a nuestros hijos su primer teléfono móvil?

By on 12-19-2019

El psicólogo infantil y activista en favor de la educación digital Marc Masip opina que sí, y es más tarde de lo que podríais imaginar.

«¿A qué edad debería dar a mis hijos su primer teléfono móvil?». Es una de las preguntas que más suelen hacerme, y no es fácil determinar cuál es la edad adecuada para ello. Depende en gran medida del niño y de su resiliencia digital, de lo preparado que esté para asumir la responsabilidad de acceder a este mundo. ¿Son conscientes de que lo que publican en Internet no desaparece nunca, de los riesgos que conlleva hablar con desconocidos, de la gran cantidad de contenidos falsos o perjudiciales que hay en Internet? No hay que olvidar que esta decisión depende también de la capacidad de los padres para supervisar a sus hijos y asegurarse de que utilizan el teléfono correctamente.

El número de niños pequeños que tiene móvil resulta preocupante. La media de edad a la que los niños reciben su primer teléfono móvil en Reino Unido es de 10,3 años. El 40% de los padres de Estados Unidos dan un teléfono a sus hijos a los 10 años. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 25% de los niños españoles de esa edad tienen uno. En Francia, la edad media para empezar a utilizarlos es de 11 años, y el 12% de los adolescentes franceses encuestados por Statista afirman que recibieron su primer teléfono móvil antes de esa edad.

Puede que todo esto nos parezca prematuro y difícil de creer, pero basta con dar un pequeño paseo por la calle o por el parque para comprobar que los datos son reales. Y también lo veo en mi consulta. Los jóvenes que empiezan a utilizar el teléfono móvil a una edad más temprana tienden a desarrollar una mayor dependencia hacia este tipo de dispositivos y tienen más probabilidades de sufrir estrés cuando están lejos de ellos, un trastorno conocido como nomofobia. Y uno de los principales conflictos en los que tengo que actuar como mediador ante las familias son las discusiones por el tiempo que los niños pasan delante de la pantalla. Hace poco, un paciente joven me dijo: «Marc, tienes que entenderlo, si no hubiera normas sobre el uso del móvil en el colegio y en casa, estaríamos todo el día con él en la mano. Es normal». Se trata de una idea inquietante. ¿Desde cuándo estar todo el día conectados se ha convertido en lo normal?

Los jóvenes que empiezan a utilizar el teléfono móvil a una edad más temprana tienden a desarrollar una mayor dependencia hacia este tipo de dispositivos y tienen más probabilidades de sufrir estrés cuando están lejos de ellos.

Es esta normalización de la adicción a las pantallas y la falta de madurez a la hora de gestionar el lado oscuro de Internet lo que resulta perjudicial para los niños. Y es por ello por lo que mi recomendación es esperar a que cumplan los 16 años para darles su primer teléfono móvil. Para que no haya ningún género de duda, me refiero a los smartphones, los teléfonos con conexión a Internet. Los teléfonos básicos que únicamente permiten realizar llamadas y enviar y recibir SMS pueden empezar a utilizarlos antes de esa edad.

...mi recomendación es esperar a que cumplan los 16 años para darles su primer teléfono móvil.

Soy consciente de que a muchos padres esperar hasta los 16 años les parece una exageración. «¡Imposible!», responden. «¡Eso no es factible!». Sin embargo, yo insisto en la idea.  El cerebro de los niños aún no está lo suficientemente maduro para utilizar dispositivos tan potentes, y todavía no han adquirido la experiencia vital necesaria para poder protegerse de los peligros de Internet o evitar cometer algún error.

Y, lo que es más importante, los niños no necesitan un smartphone. Cuando intento explicárselo a los padres, la respuesta suele ser que sus hijos no tendrán amigos si no tienen móvil. Eso no es cierto. Los niños que no reciben su primer teléfono hasta que están preparados se relacionan mejor con sus compañeros y con los adultos. De hecho, sufren más por la exclusión social que por el hecho de no poder comunicarse con otros niños.

Los niños que no reciben su primer teléfono hasta que están preparados se relacionan mejor con sus compañeros y con los adultos. De hecho, sufren más por la exclusión social que por el hecho de no poder comunicarse con otros niños.

Otro de los argumentos que escucho habitualmente es que «los niños necesitan un teléfono por si pasa algo». No entiendo de qué serviría un teléfono si, por desgracia, les sucediera algo a nuestros hijos. Si hubiera una emergencia y pudieran llamar por teléfono, con un teléfono normal sería suficiente. Si les sucediera algo grave, el teléfono móvil sería lo primero que resultaría dañado en un accidente.

Y el argumento más repetido nace de la creencia prácticamente universal de que nuestros hijos no tienen ningún problema. No os imagináis la cantidad de veces que he oído decir a un padre o a una madre: «Mis hijos no están enganchados. Solo utilizan el móvil cuando se lo permito». No podemos limitarnos a establecer límites. Si queremos que sirvan para algo, debemos asegurarnos de que nuestros hijos los respetan. Como es lógico, no queremos que hagan las cosas bien solo porque hay reglas, pero es una forma muy útil de ayudarles a desarrollar hábitos saludables y a mantenerlos durante toda la vida.

Cuando llegue el momento de darles a vuestros hijos su primer teléfono móvil, mi recomendación es que firméis un acuerdo digital. Al principio, puede pareceros demasiado formal y una tontería, pero os aseguro que es una gran idea. Este tipo de acuerdos resultan muy útiles y efectivos. Existen un gran número de estudios psicológicos y sociológicos que demuestran que el ritual de firmar un papel hace que nos tomemos los acuerdos más en serio y seamos más honestos; es el denominado efecto firma (Anker y Crowley 1981; Rogers et al. 1988; Staw 1974; Stevens et al. 2002; Ureda 1980; Williams et al.2005). Las reglas de este acuerdo son claras: si no utilizan correctamente el teléfono, es posible que no estén preparados para una herramienta tan potente.

El contrato puede incluir recompensas y castigos, pero las recompensas nunca deberían consistir en poder utilizar el dispositivo durante más tiempo. En su lugar, es preferible que estén relacionadas con el mundo real, y que sean los castigos los que se centren en el mundo de la tecnología. Recordad que es importante que respetéis lo que habéis acordado y que no utilicéis el móvil como herramienta para negociar.

Pensad en ello: muchos líderes y creadores tecnológicos no permiten que sus hijos tengan un dispositivo con conexión a Internet hasta los 14 años. Y a los 16 años se celebran los ritos de paso de muchas culturas. En EE. UU., los adolescentes pueden sacarse el carné de conducir a esa edad. Los americanos han decidido que es entonces cuando se alcanza la madurez mental y física necesaria para asumir la responsabilidad que supone conducir un vehículo. Lo que quiero decir es que ninguna sociedad le entregaría las llaves de un coche a un niño de 10 u 11 años. Internet es igual de peligroso. Y, al igual que un coche, puede provocar la muerte, como demuestra el aumento de los suicidios entre los jóvenes, muchos de los cuales se deben a los mensajes intimidatorios o perjudiciales que se propagan a través de la red. 

Internet es igual de peligroso. Y, al igual que un coche, puede provocar la muerte, como demuestra el aumento de los suicidios entre los jóvenes, muchos de los cuales se deben a los mensajes intimidatorios o perjudiciales que se propagan a través de la red. 

Independientemente de la edad de vuestros hijos, debéis tener en cuenta estos 4 puntos:

  1. ¿Estáis preparados para supervisar el uso que vuestros hijos hacen del teléfono instalando un software de control parental en sus dispositivos y sentándoos con ellos para saber qué ven en Internet y hablar juntos del tema?
  2. ¿Habéis dedicado tiempo a enseñarles a utilizar la tecnología correctamente? La educación tecnológica es fundamental: tanto si vuestros hijos son buenos estudiantes como si les gusta hacer deporte o tienen un comportamiento ejemplar, tenéis la obligación de educarles y orientarles.
  3. ¿Son conscientes de la deshumanización que provoca Internet? (Estar detrás de una pantalla genera una sensación de anonimato que puede derivar en un comportamiento inadecuado).
  4. ¿Han aprendido a gestionar sus errores? Es muy fácil caer en la trampa de un ciberdepredador. ¿Están preparados para enfrentarse abiertamente a este tipo de situaciones en lugar de ocultarlas o sentirse avergonzados? 

Cuando la respuesta a todas estas preguntas sea afirmativa y vuestros hijos estén mentalmente preparados, hayan recibido la formación técnica necesaria y hayan desarrollado su resiliencia digital, podréis darles su primer smartphone. Tomáoslo en serio. Estableced límites y firmad un acuerdo. Supervisad juntos el uso que hacen de él y no tengáis miedo de «quitarles las llaves» si fuera necesario. La salud mental, la seguridad y la felicidad de vuestros hijos dependen de ello.

Marc Masip

Marc Masip es psicólogo y escritor e imparte charlas sobre adicciones digitales. También dirige el Instituto Psicológico Desconect@, un programa pionero diseñado para fomentar el uso responsable de las nuevas tecnologías y evitar que puedan llegar a ser perjudiciales para nuestras relaciones personales y generar dependencia o adicciones.

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