Mi hijo ha roto las reglas de nuestro acuerdo digital, ¿y ahora qué?

Imagina que tu hijo y tú acordáis que debe dejar de jugar a las 8 de la tarde, pero entras a las 9:30 a su habitación y te lo encuentras pegado a la pantalla con los auriculares puestos y rezando porque no te des cuenta de lo que está haciendo. O supón que revisas un informe sobre su actividad digital y observas que ha vuelto a desobedecer las reglas al visitar un sitio web inapropiado para él. 

Por frustrante que nos resulte a los padres, es muy habitual que los niños infrinjan las normas. Puede que tu primer instinto sea reaccionar con ira o preguntarte en qué te has equivocado. Antes de hacer cualquiera de ambas cosas, respira hondo: tu forma de gestionar la situación es más importante que el episodio en sí.

No te lo tomes de forma personal

Cuando tu hijo rompe las reglas que habéis establecido respecto al uso de los dispositivos, su objetivo rara vez es faltarte al respeto, sino que se trata de un acto muy habitual en esta fase de su desarrollo: los niños y los adolescentes están programados para poner a prueba los límites. Es su forma de aprender hasta dónde llegan estos y hasta qué punto los adultos estamos dispuestos a aplicarlos.

Este proceso constituye una parte natural y saludable del desarrollo de los más pequeños, especialmente durante los primeros años de la niñez y la adolescencia. No significa que hayas fallado como padre ni que tu hijo vaya por mal camino; simplemente está haciendo lo que todos los niños hacen a diferentes edades y en un momento u otro de su infancia.

Reaccionar con tranquilidad en lugar de enfadarte te permitirá situarte en una posición mucho mejor para gestionar la situación de forma efectiva. Cuando los padres respondemos de una forma demasiado emocional, la atención de nuestros hijos se desvía inmediatamente del incumplimiento de las normas al conflicto emocional. Si mantenemos la calma, podremos poner el foco en lo que han hecho y en los aspectos de su comportamiento que deben corregir la próxima vez en lugar de dejarnos llevar por las emociones.

Por qué es importante que hables con tu hijo si desobedece las reglas

Uno de los errores más habituales que solemos cometer los padres es evitar el problema que supone el hecho de que los niños desobedezcan las normas. En ocasiones, parece más fácil dejar pasar estos episodios, sobre todo si tu hijo se muestra arrepentido o no tienes ganas de discutir. Sin embargo, ignorar el hecho de que haya incumplido las reglas también transmite un mensaje: el de que los límites lo son solamente de nombre, y que puede agotar tu paciencia hasta lograr que renuncies a aplicarlos.

Un estudio publicado en el Journal of Child and Family Studies ha descubierto que los estilos educativos permisivos están directamente relacionados con el aumento de los trastornos del comportamiento que provoca el uso de la tecnología por parte de los más pequeños, y que los niños cuyos padres gestionan el uso que hacen de estos dispositivos con confianza y de forma consecuente pasan menos tiempo delante de la pantalla. Dejar correr estos incidentes de vez en cuando puede parecer más fácil en el momento, pero a la larga hará que te cueste más aplicar las reglas —y conseguir que tu hijo las respete—.

La buena noticia es que abordar el hecho de que haya roto vuestro acuerdo no tiene por qué derivar en una discusión dramática. En la mayoría de los casos, bastará con que te sientes tranquilamente con él y mantengáis una conversación breve y clara sobre lo que ha pasado y sus consecuencias.

Cómo hablar con tu hijo

Independientemente de la edad que tenga, la forma de plantear el tema será básicamente la misma: exponer lo que ha pasado, explicarle por qué es importante y asegurarte de que comprenda qué va a pasar a continuación. Lo mejor es que la conversación sea breve y directa y que evites que se convierta en una suerte de sermón. No se trata de avergonzarle, sino de reforzar las expectativas que has establecido.

Hay algunos aspectos que es importante que tengas en cuenta:

  • Céntrate en calificar su conducta, no su personalidad. Puedes decirle algo como «Has estado usando el teléfono más tiempo del que habíamos acordado» en lugar de «Eres un irresponsable».
  • Dale la oportunidad de explicarse. Pregúntale qué ha pasado y escucha atentamente lo que tenga que decir. Puede haber alguna circunstancia que no conozcas: que un amigo haya tenido un problema, que tuviera que terminar un trabajo o que estuviera preocupado por algo. Eso no es excusa para que se haya saltado las reglas, pero te ayudará a decidir cómo debes reaccionar.
  • Sé claro sobre las consecuencias. Si ya habías abordado con él cuáles serían antes de este episodio, es importante que seas consecuente y las apliques. Si es la primera vez que habláis del tema, es un buen momento para que determines qué pasará si ese comportamiento vuelve a repetirse.
Teen boy using smartphone at night

 

Utiliza la ayuda de alguna herramienta

Una de las formas más efectivas de rebajar la tensión a la hora de aplicar las normas que habéis establecido respecto al uso de los dispositivos es dejar de poner el foco en tu autoridad como padre para hacer énfasis en la autoridad de las reglas que habéis acordado y las herramientas que usas para aplicarlas. 

Los controles parentales de los dispositivos y las aplicaciones de control parental como Qustodio son muy útiles en este sentido. Además de servir como meras «herramientas de supervisión», este tipo de soluciones te permiten aplicar las normas de forma más objetiva y menos emocional.

Al configurar los límites con antelación, el dispositivo aplica cada regla automáticamente porque la pantalla se apaga, la aplicación se cierra, el tiempo se agota, etc. No hay que negociar nada en el momento, ni los más pequeños pueden argumentar que solo se han excedido unos minutos. La propia tecnología constituye un límite, lo que elimina buena parte de los conflictos entre padres e hijos. Estas son algunas de las ventajas que ofrecen los controles parentales a la hora de aplicar las reglas:

  • Aplicar unos límites de tiempo automáticos evita las ambigüedades. Las aplicaciones para establecer estos límites bloquean el acceso cuando los niños agotan el tiempo acordado, por lo que la regla ya no depende de la voluntad o la memoria de una de las partes. Este aspecto resulta especialmente práctico si tu hijo aún es pequeño.
  • Los informes de actividad te permiten basar las conversaciones en los datos en lugar de adoptar un carácter acusatorio. En vez de argumentar «Te has pasado toda la noche con el teléfono» (y que tu hijo intente rebatirte), puedes decirle: «El informe indica que has estado usando TikTok hasta las 11:15. Vamos a hablar de ello». Los datos te permiten hacer énfasis en su comportamiento y evitar que la conversación derive en la típica discusión en la que cada uno intenta imponer su versión de los hechos.
  • Programar unos horarios de descanso facilita las cosas a tu hijo. Bloquear automáticamente los dispositivos a la hora de hacer los deberes, cenar o acostarse evita que los niños tengan que estar luchando constantemente contra sus impulsos, lo que resulta muy útil en el caso de aquellos que sufren algún problema de autocontrol.
  • Configurar los controles juntos hace que las reglas parezcan una decisión compartida en lugar de una imposición. Si implicas a tu hijo a la hora de establecer los límites y explicarle las razones que hay detrás de ellos, la tecnología se convertirá en un reflejo de vuestro acuerdo familiar en lugar de en una herramienta de vigilancia. En concreto, habrá más probabilidades de que los preadolescentes y los adolescentes los respeten si les das la posibilidad de aportar alguna sugerencia al respecto.

El objetivo no es utilizar la tecnología para evitar abordar el tema, sino como apoyo. Si eliges las herramientas adecuadas, podrás responder con información clara cuando tu hijo se salte las normas en lugar de dejarte llevar por la frustración.

Cómo deberías actuar en función de su edad

Niños pequeños (de 3 a 7 años) 

En esta etapa, nuestros hijos suelen romper las reglas principalmente por una mera cuestión de impulsividad, no como una forma de desafío. A los niños pequeños les cuesta controlar sus impulsos y tienden a perder la noción del tiempo. Lo mejor es que les des una explicación breve y cercana: «Habíamos dicho que había que parar cuando sonara el temporizador; esa era la regla. Vamos a apagar el dispositivo ahora, y mañana volveremos a intentarlo». Evita las explicaciones largas. En este momento de su vida, ser coherente a la hora de aplicar las reglas constituye una lección en sí misma.

Niños en edad escolar (de 8 a 12 años)

Los niños de esta edad ya entienden las reglas y pueden intentar negociar los límites o minimizar la situación («Solo me he pasado diez minutos de la hora»). Escucha atentamente sus explicaciones, pero mantente firme: «Te estoy escuchando, y entiendo que es difícil parar cuando estás en mitad de algo; pero teníamos un acuerdo, y es importante respetar lo acordado». Este grupo de edad responde bien cuando tiene que afrontar las consecuencias directas que conlleva su comportamiento (como tener que desconectar 15 minutos antes al día siguiente por los 15 minutos extra de los que han disfrutado ese día). Intenta que el castigo sea proporcional y predecible.

Preadolescentes (de 11 a 13 años)

Es posible que los preadolescentes lancen miradas de reproche, opten por el mutismo o se muestren irritables, unas reacciones que son completamente normales. Evita que tu hijo te arrastre a un debate sobre si la regla es justa y separa esa conversación del hecho de que haya incumplido vuestro acuerdo: «Sé que consideras que el límite de tiempo es demasiado estricto, y no me niego a que resolvamos el tema en otro momento. Sin embargo, ahora mismo estamos hablando del hecho de que no has respetado lo que habíamos acordado. Son dos conversaciones diferentes». De esta forma, podrás validar su creciente necesidad de autonomía y al mismo tiempo asegurarte de que asuma la responsabilidad de sus actos.

Adolescentes (a partir de 14 años)

En el caso de los adolescentes, lo mejor es que consigas que colaboren contigo. Reaccionar de forma autoritaria suelen ser contraproducente y generar resentimiento en lugar de respeto: «He observado que has estado usando el teléfono hasta la medianoche otra vez. Eso no es lo que habíamos acordado, y afecta a la calidad de tu sueño y a tu estado de ánimo. Quiero entender por qué te cuesta ceñirte a los límites y que averigüemos juntos qué es lo que tenemos que cambiar».

Haz referencia al informe de actividad que has recibido a través de la aplicación de control parental, ya que utilizar datos de uso reales es un punto de partida más constructivo que mantener una discusión acalorada sobre lo que ha sucedido o lo que no.

Cuando saltarse las reglas se convierte en un patrón

Todos los niños rompen las reglas que hemos establecido respecto al uso de los dispositivos en algún momento. Un único desliz, si se gestiona de forma tranquila y coherente, rara vez se convierte en un problema mayor. Sin embargo, si tu hijo desafía con frecuencia los límites o no respeta las normas que habéis acordado, es importante tener en cuenta en qué contexto lo hace. El hecho de que un niño rompa constantemente las reglas puede indicar varios problemas:

1. Ha llegado el momento de revisarlas

Es posible que las reglas que parecían lógicas cuando tenía 10 años ya no lo sean tanto a los 13. Sentaos juntos a modificarlas; escucha atentamente sus sugerencias, pero asegúrate de mantener aquellas que no consideres negociables. 

2. Puede ser un síntoma de un problema más grave 

Los niños que sufren algún problema a nivel social —por ejemplo, que tienen que hacer frente al acoso, la soledad o el rechazo de sus compañeros— suelen refugiarse en la tecnología como mecanismo de afrontamiento. Lo mismo sucede en el caso de aquellos que padecen ansiedad o depresión, o que tienen que lidiar con algún conflicto familiar. Si tu hijo parece utilizar la tecnología para evitar o escapar de los problemas en lugar de como un medio de entretenimiento, es recomendable que abordes el tema interesándote por su cambio de hábitos en lugar de empezar a hablar de las consecuencias: «He observado que dedicas mucho más tiempo a los dispositivos últimamente. ¿Pasa algo?». El hecho de que se salte las reglas puede ser un síntoma en lugar de la raíz del problema.

3. Es posible que haya desarrollado algún tipo de adicción a las pantallas

Los estudios demuestran que el abuso de los dispositivos digitales por parte de los más pequeños y los adolescentes está asociado con un empeoramiento de la calidad del sueño, problemas de atención y dificultades a la hora de controlar sus emociones. Si tu hijo se altera cuando tiene que desconectar de la tecnología, o suele anteponer su uso en detrimento de su descanso, las relaciones con sus amigos o sus clases, ha llegado el momento de afrontar el problema (y puede que de buscar ayuda profesional).

Si no es la primera vez que incumple lo que habíais acordado, asegurarte de que descansa unos días de sus dispositivos y volver a establecer unas reglas claras antes de permitir que los utilice de nuevo puede ser una buena forma de romper el círculo. Reajustar los límites no siempre es fácil, pero en este artículo te damos 3 recomendaciones para revisar las normas que habéis establecido respecto al uso de la tecnología y al mismo tiempo minimizar los conflictos. 

Una última reflexión

Descubrir que tu hijo se ha saltado las reglas que habíais acordado puede parecer un contratiempo, pero lo cierto es que se trata de una oportunidad. Cada vez que abordéis el tema de forma tranquila, coherente y con empatía, le estarás enseñando que los límites son reales, que cuando hablas lo haces en serio, y que la relación entre vosotros es lo primero —incluso cuando discutís—. 

No somos perfectos, y nuestros hijos tampoco. Lo importante es que siempre estamos ahí para ellos, dispuestos a hablar cuando más lo necesitan y preparados para concienciarles de la importancia de respetar los límites. Ser coherentes en este aspecto es fundamental para ayudarles a sentar unas bases que les permitan desarrollar la confianza y la capacidad de autocontrol que necesitarán a lo largo de toda su vida.