La primera vez que nuestros hijos nos piden permiso para instalar una aplicación nueva puede generar multitud de sentimientos encontrados tanto a ellos como a nosotros.
Muchos adultos asumen que todos los niños quieren tener las mismas aplicaciones y juegos que usan sus amigos, pero en la práctica no siempre es así. Algunas veces los más pequeños no están interesados en esa plataforma en concreto, pero se sienten presionados por sus compañeros y tienen miedo de verse excluidos.
En lugar de convertirse en una fuente de conflicto, este momento puede ser un buen punto de partida para iniciar un debate en familia y una oportunidad para ayudar a nuestros hijos a analizar sus sentimientos y a decidir si de verdad desean usar esa aplicación y, en caso afirmativo, cómo quieren hacerlo exactamente. Estas conversaciones también permiten fomentar la confianza entre padres e hijos, ya que contribuyen a promover un clima de colaboración a la hora de gestionar el uso de la tecnología en lugar de dividirnos en dos bandos enfrentados.
No siempre es tan sencillo como decir «sí» o «no»
Cuando los más pequeños nos piden permiso para instalar una nueva aplicación, a menudo los padres nos debatimos entre el deseo de que encajen y la necesidad de protegerlos. Este dilema conlleva varias preguntas difíciles: ¿cómo sabemos si están listos para utilizar esa aplicación? ¿Cómo podemos supervisar su actividad sin espiarlos? ¿Cómo debemos reaccionar si tienen algún problema? Y, lo que es más importante, ¿podemos limitarnos a decirles que no?
Estas complejidades hacen que en la actualidad la labor de educar a los niños sea probablemente más difícil de lo que ha sido nunca. Por un lado, la tecnología ha cambiado la idea que tienen los más jóvenes de lo que significa pertenecer a un grupo y sentirse aceptados y, por el otro, ha obligado a los padres a entender que tienen que proteger la seguridad de sus hijos en dos planos distintos como son el mundo real y el digital.
Socializar implica a menudo conectarse a Internet
A diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, para muchos de los adolescentes de hoy en día, la única forma de socializar pasa por hacerlo a través de Internet.
Una vez que los niños se adentran en la adolescencia, la influencia de su círculo social cobra mucha más importancia que la de su familia. Los amigos se vuelven el centro de su mundo, mientras que el papel de los padres pasa a un segundo plano. La necesidad de sentirse aceptado se convierte prácticamente en la principal motivación de los jóvenes durante esta fase de su crecimiento.
Por difícil que a los padres nos resulte aceptar esta realidad, se trata de una etapa fundamental para su desarrollo y de un paso necesario que les prepara para convertirse en los animales sociales que los seres humanos estamos programados para ser.
Aunque los niños de antes tenían mucha más libertad para quedar en otros espacios públicos (como los parques, los centros cívicos o los grupos de extraescolares), en la actualidad los adolescentes no pueden compartir tanto tiempo en la vida real. Por esta razón, la decisión de establecer unos límites y de no permitirles acceder a determinados espacios digitales puede tener un gran impacto sobre su vida social y, por ende, sobre su bienestar.
Eso no significa que nuestros hijos no quieran socializar cara a cara. Un informe publicado hace poco en California señala que la mayoría de los adolescentes —en concreto, 9 de cada 10— valoran enormemente la posibilidad de pasar tiempo con sus amigos en el mundo real, y que más de la mitad desearía poder verlos en persona más a menudo de lo que lo hacen.
Qué es el FOMO y por qué las redes sociales pueden empeorar la sensación de exclusión
El denominado «FOMO» (en inglés, siglas de «fear of missing out», o «miedo a perderse algo») es la sensación persistente e incómoda de que los demás están haciendo algo mucho más divertido y emocionante que nosotros. Aunque el miedo a vernos excluidos está profundamente arraigado en la psique humana, lo que han conseguido las redes sociales es básicamente convertirlo en un arma.
Este «FOMO digital» puede adoptar múltiples formas, como los efectos que generan los llamados «reels de los mejores momentos», que nos invitan a comparar la cotidianidad de nuestra vida diaria con la selección de momentos edulcorados que publican algunos usuarios, o la denominada «ansiedad por desconexión», una sensación urgente y a menudo infundada de que debemos estar activos las veinticuatro horas del día en una determinada plataforma o seremos condenados al ostracismo social.
Los adolescentes sufren una intensa presión por parte de otros jóvenes de su edad que puede llevarlos a obsesionarse con lo que se están perdiendo. En algunos casos, este impulso de compararse constantemente con los demás desemboca en una grave espiral de estrés y ansiedad.
Asegúrate de comprender qué te están pidiendo exactamente
Antes de decidir si vas a permitir que tus hijos accedan a una aplicación o no, considera la posibilidad de plantearles las siguientes preguntas:
- ¿Para qué vas a usar la aplicación?
- ¿Quién la emplea? ¿De verdad es tan popular?
- ¿Quieres descargártela solo para encajar?
- Y, en el caso de que decida permitir que la uses, ¿qué clase de límites podemos establecer respecto a su uso?
Si es posible, tal vez sea recomendable que descargues por ti mismo la plataforma en cuestión para familiarizarte con los siguientes aspectos:
- ¿Hasta qué punto es apropiada para su edad? ¿Incluye algún tipo de riesgo, como la posibilidad de que tus hijos acaben expuestos a contenidos para adultos o entren en contacto con desconocidos?
- ¿Ofrece alguna curva de aprendizaje a los niños (es decir, escalona el acceso a sus funciones de modo que al principio solo puedan acceder a algunas y va ampliando gradualmente la lista a medida que se van haciendo mayores y más responsables)?
- ¿En qué medida puedes personalizar la configuración de seguridad y el contenido para asegurarte de que tus hijos disfrutan de una experiencia segura y apropiada para su edad?
Cómo explicarles que has decidido no darles tu permiso
Habrá ocasiones en las que preferirás que tus hijos no tengan acceso a determinadas aplicaciones. Es posible que hayas oído que una plataforma puede ser peligrosa o convertirse en una distracción, o que hayas comprobado por ti mismo que no es apropiada para su edad.
Al igual que sucede con otros aspectos del mundo digital, limitarnos a prohibirles terminantemente las cosas a los más pequeños sin llegar a algún tipo de compromiso o dialogar con ellos puede provocar que adopten una actitud negativa hacia la tecnología; por ejemplo, puede que a partir de ese momento empiecen a mostrarse más reservados o a asumir más riesgos en Internet.
Nuestra recomendación es que no te limites a decirles que no les das permiso y que evites utilizar frases como:
- «No, porque lo digo yo».
- «Estoy seguro de que sobrevivirás».
- «No es más que una aplicación».
En su lugar:
- Valida sus sentimientos. Aunque te mantengas firme en tu decisión, habla con ellos y asegúrate de que comprendan que eres consciente de lo mucho que les duele verse excluidos.
- Exponles tus motivos. Los niños odian las injusticias, de modo que explicarles las razones reales que te han llevado a tomar esta decisión (ya sea por la presencia de algún algoritmo adictivo o porque te preocupan los riesgos que conlleva la aplicación desde el punto de vista de la seguridad) contribuirá a que sientan que les tratas con el respecto que tanto desean.
- Ofréceles alternativas. Sentaros juntos para idear formas seguras y divertidas de quedar y comunicarse con sus amigos les ayudará a no obcecarse con lo que no pueden hacer.
Decirles que aún no están preparados es mejor que negarse en redondo
Por lo general, la cuestión no es que las aplicaciones que tus hijos quieren instalar sean inherentemente perjudiciales, sino que no son apropiadas para su edad.
En lugar de negarte rotundamente a darles permiso, asegúrate de que comprendan que no se trata de un castigo, sino que has tomado esa decisión porque todavía no están preparados. Dar ese paso puede depender de su edad, su grado de madurez o de las competencias digitales que desarrollen; por eso, lo mejor es que acordéis que revisarás tu decisión dentro de unos meses.
Si tienen algún hermano mayor que usa la aplicación en cuestión, puedes explicarles por qué a él sí le permites usarla y en qué sentido consideras que está más preparado para hacerlo.
Qué implica darles permiso para usar la aplicación
Aunque hayas decidido que la aplicación es apropiada para ellos y estés convencido de que van a utilizarla de forma responsable, nuestra recomendación es que tomes una serie de precauciones y limites su uso.
- Id poco a poco. Algunas plataformas te permiten empezar con un pequeño grupo de funciones que puedes ampliar a medida que tus hijos van creciendo.
- Acompáñalos mientras usan la aplicación. De esta forma, podrás hacerte una idea de cómo la usan y de si hay algún aspecto al que debas estar atento o respecto al cual debáis acordar unos límites, como las opciones de mensajería directa.
- Estableced juntos cuáles son vuestras expectativas. Decidid cuánto tiempo pueden pasar delante de la pantalla, qué pueden hacer en la plataforma y qué no; por ejemplo, puedes pedirles que se comprometan a no aceptar solicitudes de amistad por parte de desconocidos. Elaborar un acuerdo digital familiar y colocarlo en un lugar visible de la casa es una buena forma de recopilar y hacer hincapié en este tipo de normas.
- Familiarizaos con la configuración de seguridad de la aplicación. Revisad juntos las opciones de privacidad, las funciones de mensajería directa, los filtros de contenido y cualquier otra configuración que incluya. Muchas plataformas permiten que los niños modifiquen estas opciones; de ahí que sea fundamental que les conciencies de por qué son importantes. Asimismo, repasad los mecanismos que permiten denunciar y bloquear a otros usuarios para que sepan cómo hacerlo en el caso de que lo necesiten.
- Utilizad alguna herramienta de control parental externa. Las opciones de seguridad de las aplicaciones suelen ser limitadas y no impiden que tus hijos modifiquen la configuración; por eso, nuestra recomendación es que utilices una herramienta de control parental integral como las que ofrece Qustodio.
Con Qustodio, puedes:
- establecer límites de tiempo diarios para la aplicación;
- bloquearla para evitar que la abran si se convierte en un problema;
- consultar el perfil de seguridad de la plataforma y una lista de alternativas;
- recibir alertas si tus hijos mantienen alguna conversación preocupante en redes sociales como Instagram, TikTok, Snapchat y X.
Una recomendación general
Enseñar a nuestros hijos a gestionar el FOMO digital e inculcarles unos hábitos digitales saludables consiste en mucho más que en decidir si vamos a permitirles utilizar una aplicación en concreto o no. Podemos ayudarles a entender que no tienen por qué seguir todas las modas, y que hay ocasiones en las que no pasa nada por ser los últimos en hacer algo.
Si les animamos a utilizar el pensamiento crítico a la hora de evaluar las plataformas y las aplicaciones que usan, podrán tomar mejores decisiones sobre cuáles merecen su tiempo; a fin de cuentas, al día le faltan horas para poder emplear todo lo que descargamos. Asimismo, hay que recordarles por qué es importante encontrar un equilibrio saludable entre el tiempo que dedican a socializar en Internet y fuera de él y que, en última instancia, ni las amistades de verdad dependen de que utilicen una aplicación ni las digitales pueden reemplazar a los amigos que hacen en el mundo real.