¿Quién está escribiendo este artículo? ¿Una persona? ¿Un robot? ¿Una máquina entrenada para predecir qué palabra debería ir a continuación? Gran parte de Internet ya no es lo que parece: de hecho, algunas estimaciones sugieren que cerca de un tercio de todo el tráfico web está generado por bots. Eso significa que tenemos buenas razones para preguntarnos quién teclea detrás de la pantalla o quién se oculta detrás de la cámara. Una fracción nada desdeñable del mundo digital que conocemos en la actualidad es completamente falsa.
Bien sea en forma de miles de publicaciones que inundan las redes sociales o como uno de los muchos elementos que contribuyen a generar ruido en la Red, encontramos una nueva categoría de contenido digital diseñada para mantener nuestra atención, generar interacciones y servir de relleno mientras navegamos. El contenido basura generado mediante IA, o «IA slop» —término elegido palabra del año por el diccionario Merriam-Webster—, está presente en todas partes, y se propaga como una plaga por las cronologías de TikTok, las cuentas de X y YouTube vídeo tras vídeo. Evidentemente, no se trata de la experiencia entretenida o educativa de la que nos gustaría que disfrutaran nuestros hijos en Internet.
Es posible que parezcan inofensivas, o simplemente un poco molestas, pero esta clase de publicaciones pueden resultar perjudiciales en varios sentidos. En este artículo, te contamos cómo afecta el contenido de baja calidad creado mediante la IA a los hábitos digitales de los más pequeños, a su capacidad de atención y a la propia concepción que tienen del mundo.
¿Qué es el contenido basura generado mediante la IA?
Según la definición que aparece en el diccionario, la AI slop es contenido digital de baja calidad, creado generalmente con la «ayuda» de la inteligencia artificial. Estas publicaciones son exactamente lo que su nombre sugiere: basura. Desagradables, absurdas, y el tipo de contenido que preferirías no ver en tu cronología.
A veces es difícil describir su aspecto con precisión, sobre todo porque buena parte de la basura que produce la IA únicamente puede catalogarse como estrafalaria: ni siquiera en nuestros sueños más descabellados podríamos imaginar las situaciones y las imágenes que es capaz de idear. Telenovelas protagonizadas por gatos en tacones, animales del bosque jugando a tocar el timbre de sus vecinos en plena noche y entrevistas con bebés de un año que disfrutan de sus primeras vacaciones.
Hay muchas probabilidades de que los niños se topen con esta clase de vídeos en su cronología, y a veces es su carácter claramente absurdo o extravagante lo que impulsa a los usuarios a compartirlos en masa. Es el caso de la moda del brain rot italiano que ha arrasado en YouTube Shorts y en los patios de colegio de medio mundo, y que ha provocado que los clips de tiburones con zapatillas y una taza de café vestida de bailarina se hayan vuelto tan populares como para merecer sus propios productos promocionales, desde cartas coleccionables a peluches.
¿Hablamos simplemente de vídeos raros?
El contenido basura generado mediante la IA va más allá de los vídeos absurdos protagonizados por animales. Cualquier contenido de baja calidad que cree la IA, incluido texto, imágenes, audios y vídeos, puede englobarse dentro esta categoría. Una parte de dicho contenido acaba en las redes sociales, mientras que algunos usuarios intentan aparentar que estas publicaciones tienen algún tipo de «utilidad», por ejemplo, en forma de artículos escritos por la IA que carecen del más mínimo interés o rigor, y cuyo único objetivo es servir de relleno.
Las publicaciones de AI slop tienen como objetivo atraer nuestra atención de un modo u otro. En el caso de los textos, algunos se crean para generar dinero a través de los anuncios que se ejecutan en el sitio (cuantos más clics reciben, mayor es la monetización). En las redes sociales, cuantas más interacciones obtienen los vídeos, los textos y las imágenes, mayor éxito puede alcanzar el contenido y la cuenta que lo publica.
En algunos casos, la creación de estos contenidos puede estar motivada por razones más siniestras. Las personas o las organizaciones pueden utilizar herramientas para crear deepfakes de gente real, propaganda política para difundir una determinada ideología, o imágenes o vídeos diseñados para engañar a la gente y estafarla.
¿Cómo influye el contenido basura generado mediante la IA?
Si utilizaste las redes sociales a lo largo de 2025, seguramente ya hayas visto los efectos que ejercen estas publicaciones en Internet. Con independencia de los temas que te interesen, y dado el ingente volumen de basura que produce la inteligencia artificial, lo más probable es que ya hayan llegado a tu cronología de un modo u otro. Tanto la música y las listas de reproducción de Spotify como los tutoriales de manualidades de Reels e incluso los resúmenes con IA de Google pueden ser víctimas de la proliferación de estas publicaciones en Internet. El contenido basura generado por la inteligencia artificial inunda las redes sociales, los resultados de búsqueda e incluso los sitios web que venden libros, como Amazon.
La AI slop está cambiando nuestra forma de navegar por la Red y el modo en que interactuamos con ella. Los profesionales del marketing recurren a la IA para generar anuncios, algunos usuarios utilizan deepfakes elaborados mediante esta tecnología para difundir sus mensajes y se publican artículos redactados por bots a partir de informaciones erróneas, los cuales son utilizados posteriormente por otras IA como fuente para generar nuevas publicaciones. En lugar de rechazar estos contenidos falsos y engañosos, las empresas los fomentan de forma intencionada, y ahora que existen redes sociales basadas únicamente en la IA slop, como Sora 2 y Vibes de Meta, todo apunta a que el problema solo acaba de empezar.
¿Puede ser perjudicial el contenido basura generado mediante la IA?
No todas estas publicaciones son perjudiciales. Los vídeos de perros presentando un pódcast desde la cocina de sus dueños son solo eso: vídeos falsos protagonizados por animales y diseñados para que la gente los reproduzca, les dé «me gusta» o incluso los comparta. Sin embargo, esta clase de contenidos basura pueden conllevar algunos problemas, especialmente en el caso de los más pequeños. A continuación, enumeramos algunos de los riesgos que debes tener en cuenta:
El brain rot
Esta clase de contenidos —breves, repetitivos, poco elaborados y a menudo extravagantes— son relativamente inofensivos, pero tampoco aportan nada. Absorben el tiempo de los niños, invaden sus cronologías, y en ocasiones resultan completamente absurdos (lo que hace que desde su punto de vista resulten más divertidos). El brain rot se caracteriza por incluir sonidos intensos, imágenes llamativas u otros componentes excesivamente estimulantes que atraen a los niños y los mantienen enganchados viendo estos breves clips. Cuanto más interactúan con ellos, más probabilidades hay de que aparezcan más contenidos de este tipo en su cronología, lo que con el tiempo provoca que les cueste más encontrar contenidos educativos, entretenidos o valiosos en plataformas como YouTube.
La desinformación y las estafas
Aunque las noticias falsas y los timos no son nada nuevo en Internet, la IA permite generarlos más rápido e incrementa la cantidad de información errónea o deliberadamente engañosa que podemos encontrar en la Red. Eso significa que es más difícil detener su difusión, ya sea a través de historias falsas diseñadas para perjudicar o difamar a otras personas o propagar un determinado relato o como resultado de las propias alucinaciones de la IA. Por ejemplo, un sitio web puede publicar una noticia falsa generada mediante esta tecnología, que posteriormente aparecerá citada en otras publicaciones o herramientas de IA como si fuera real. Este proceso dificulta la tarea de verificar el contenido que leemos, los vídeos que reproducimos o las publicaciones con las que interactuamos en Internet.
La pérdida de creatividad
Cuando se usa de forma responsable, la IA puede servir como herramienta para animarnos a seguir aprendiendo, o para ayudarnos a acelerar nuestros procesos creativos. El contenido basura generado mediante esta tecnología, sin embargo, no contribuye ni a una cosa ni a la otra, y a veces termina eclipsando la creatividad humana en las redes sociales. Las fotos y los vídeos que crea la IA pueden desviar la atención del trabajo de los verdaderos creadores y provocar que pierdan visibilidad, dado que se ven obligados a competir con un número cada vez mayor de bots que inundan Internet con contenidos generados de forma automática.
La pérdida de confianza
A medida que prolifera el contenido falso, llega un punto en el que nos vemos obligados a cuestionarnos todo lo que vemos o leemos en la Red. Aunque adoptar una actitud crítica siempre es saludable, esta forma de pensar menoscaba la confianza en personajes y organizaciones que anteriormente gozaban de cierto prestigio o se consideraban voces autorizadas. Si los más pequeños no saben diferenciar lo real de lo falso, tampoco sabrán ni en qué ni en quién pueden depositar su confianza en Internet, lo que hará que les resulte más difícil saber a quién pueden acudir en busca de consejo o cómo comprobar la información.
Cómo detectar el contenido generado mediante la IA
El contenido generado mediante la IA puede adoptar infinidad de formas. Eso incluye textos, vídeo, audio e imágenes, lo que significa que los signos a los que tus hijos deben estar atentos para detectarlo pueden variar dependiendo del tipo de contenido que vean en cada momento. Por eso, es importante concienciarlos de las diferentes formas en las que estas publicaciones se pueden compartir o manipular. A continuación, encontrarás algunas pautas pueden ayudarles a detectar el contenido basura generado mediante la IA, desde las señales más evidentes a los diferentes efectos que pueden ejercer sobre nuestros procesos mentales:
1. Buscad marcas de agua
Cuando la gente crea clips con la ayuda de Sora, el generador de vídeos de Open AI, normalmente estos incluyen una marca de agua que indica que han sido generados mediante la plataforma. Aun así, hay algunas herramientas que permiten eliminar estas marcas, u otros generadores que directamente no las insertan. Al eliminar este tipo de distintivos, en ocasiones dejan en su lugar un área pixelada en la pantalla o una sección ligeramente borrosa, como si se hubiera utilizado una goma de borrar.
2. Aprended a identificar las «pistas» que deja la IA en el contenido escrito
Desgraciadamente para los fans de la raya (―), la tendencia de ChatGPT a abusar de ella con frecuencia ha provocado que la presencia de este signo de puntuación se considere a menudo uno de los indicios que delatan el uso de la IA —puede que injustamente, dado que escritores, periodistas y editores han estado utilizándola sin problemas durante muchos años—. En lugar de fijaros únicamente en las rayas o en frases individuales, es más útil evaluar el texto en su conjunto
- ¿Es coherente? La repetición de frases o patrones puede indicar que el autor ha utilizado la inteligencia artificial: los humanos tendemos más a cambiar de estructuras y a alterar el ritmo del texto en lugar de ceñirnos a una fórmula o un patrón memorizado.
- ¿Tiene sentido? A veces, la IA redacta sentencias y párrafos que no ofrecen una respuesta clara o no muestran información coherente.
- ¿Cuál es el mensaje final? Las respuestas de la IA suelen eludir las cuestiones polémicas y analizar los temas de manera superficial. La única forma de que los usuarios logren obtener más información es plantear preguntas más complejas, algo que, por regla general, los artículos de baja calidad que elaboran estos bots tienden a evitar.
- ¿Qué referencias incluye? La IA puede ofrecer citas, pero a menudo son incorrectas, carecen del formato adecuado o no incluyen un enlace al texto original.
3. Buscad comportamientos poco naturales
La IA puede imitar las interacciones (y cada vez lo hace mejor), pero no siempre es capaz de reproducir la forma sutil en la que se mueven las personas y los animales, o los elementos que podríamos esperar ver de fondo en una foto o vídeo. Prestad atención para ver si algún personaje se mueve de forma espasmódica, los objetos aparecen o desaparecen de repente o hay acciones que no tienen ningún sentido desde el punto de vista lógico (como una bicicleta que atraviesa un coche entre el tráfico que aparece en segundo plano).
La IA puede otorgarles a las personas que aparecen en los vídeos un aspecto tan perfecto que resulta antinatural —por ejemplo, las pieles siempre parecen tersas, las figuras carecen de texturas y nadie lleva el pelo encrespado— pero no es capaz de hacer lo mismo con los fondos. A veces, las multitudes incluyen rostros distorsionados, hay grupos de edificios repetidos o alguna persona aparece clonada más de una vez en segundo plano.
4. Prestad atención al sonido
A veces, el sonido de los contenidos generados mediante la IA no coincide con el vídeo: es posible que los labios de las personas se muevan, pero el audio se ralentiza o no se corresponde con lo que dicen. A veces, el sonido que produce esta tecnología suena distorsionado, hay errores de pronunciación o el audio de fondo no tiene nada que ver con lo que aparece en pantalla.
5. Analizad atentamente el contenido
Una forma mucho más sencilla de detectar la AI slop es animar a tus hijos a preguntarse si lo que ven o están leyendo es posible o si quiera plausible. También es fundamental que comprueben las cuentas, las fuentes que lo han compartido y el origen del propio vídeo: si un perfil ha compartido más contenidos generados mediante esta tecnología, lo más probable es que no sea real, y si la cuenta es relativamente nueva, puede ser una señal de que su autor no es humano.
Aunque a veces es más fácil detectar el contenido generado mediante la IA, esta tecnología evoluciona constantemente. Muchos de los fallos que nos ayudan a identificar estas publicaciones acabarán corrigiéndose o resultarán casi inapreciables a medida que las plataformas se actualizan; por eso es importante que les enseñemos a nuestros hijos a evaluar de forma crítica el contenido al que acceden, que les preguntemos abiertamente qué es lo que les gusta y con quién interactúan en Internet, y que nos aseguremos de que saben a quién pueden acudir si tienen alguna duda sobre lo que ven mientras navegan por la Red.
Si te implicas en las experiencias que viven en el mundo digital, hablas con ellos del contenido que ven y las publicaciones con las que interactúan y les inculcas las habilidades que necesitan, podrás ayudarles a escapar de todo este ruido y, sobre todo, a desenvolverse en el mundo digital con confianza.