Si tus hijos ya se han adentrado en los primeros años de la adolescencia, seguro que ya eres consciente de que tus responsabilidades como padre han entrado en una nueva fase. Es posible que de pronto se hayan vuelto extremadamente protectores con sus dispositivos y que parezcan convencidos de que las reglas que habéis acordado en este sentido son irracionales y tienen un único objetivo: arruinar su vida.
¿Este argumento te resulta familiar? El periodo que abarca de los 13 a los 15 años es una de las etapas más complicadas —e importantes— a la hora de establecer unos límites digitales saludables. Hay mucho en juego (y también una enorme resistencia por parte de los más pequeños), pero si enfocas el problema de la forma adecuada, podrás mantener las normas que necesitan tus hijos sin que vuestra relación se vea afectada.
Por qué los límites digitales continúan siendo esenciales para los adolescentes
Algunos padres tienden a relajar las reglas que han establecido en cuanto al uso de las pantallas durante los primeros años de la adolescencia porque asumen que los niños más mayores ya están preparados para asumir esa responsabilidad. Sin embargo, es fundamental que resistas la tentación de hacer lo mismo. En términos de madurez, los adolescentes de entre 13 y 15 años se encuentran todavía en pleno desarrollo y necesitan nuestra ayuda para aprender a hacer un uso saludable de los dispositivos y las redes sociales.
Su cerebro todavía está creciendo
La corteza prefrontal, que es la encargada de controlar los impulsos y la toma de decisiones, no alcanza la madurez hasta bien entrada la veintena. A los 13-15 años, el comportamiento de los adolescentes está motivado en gran medida por la necesidad de gratificación y es muy vulnerable a las funcionalidades que incluyen las aplicaciones en su diseño para maximizar las interacciones. Incluso los niños bienintencionados tienden a subestimar el tiempo que pasan delante de la pantalla y a sobreestimar su capacidad de autocontrol.
La importancia de la relación entre tecnología y salud mental
Un estudio de 2023 descubrió que el abuso de las pantallas por parte de los adolescentes está asociado con un aumento de los trastornos de salud mental y, en el caso concreto de las redes sociales, que su uso está relacionado con un empeoramiento de su bienestar y un incremento de los casos de depresión, sobre todo entre las chicas. Los primeros años de la adolescencia son una etapa crítica desde el punto de vista de la construcción de la identidad en la que nuestros hijos tienen una mayor propensión a compararse con los demás, por lo que la exposición a estas plataformas sin supervisión intensifica de forma significativa la presión a la que están sometidos en un momento especialmente vulnerable para ellos.
El impacto directo sobre la calidad del sueño y el rendimiento escolar
Asimismo, estudios recientes indican que los adolescentes que pasan demasiado tiempo delante de la pantalla tienden a descansar menos, a experimentar una mayor somnolencia durante el día y a sufrir mayores tasas de fracaso escolar. La mayoría de los niños de entre 13 y 15 años duerme menos de las 8 o 10 horas de sueño nocturno que necesita su cerebro, y el problema se debe —al menos en parte— a que suelen emplear los dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche.
Por qué este grupo de edad es tan especial
1. Están sometidos a una gran presión social. Los grupos de chat, las partidas de videojuegos y las redes sociales no son un simple medio de entretenimiento para los niños de estas edades, sino que en el caso de muchos adolescentes constituyen su principal herramienta para relacionarse con los demás; de ahí que a veces los límites de tiempo que a nosotros nos resultan tan sencillos les parezcan una auténtica catástrofe para su vida social. A la hora de establecer los límites, entender por qué este aspecto es tan importante para ellos es fundamental si queremos abordar el tema de una forma comprensiva.
2. Es natural que reclamen una mayor autonomía. En esta etapa es normal y saludable que se opongan a las reglas que establecemos los padres. Nuestro trabajo no es acallar sus protestas, sino canalizarlas para que colaboren con nosotros a la hora de establecer los límites en lugar de imponerlos sin pedirles su opinión durante el proceso.
3. Muchos adolescentes empiezan a utilizar las redes sociales antes de estar preparados para ello. La mayoría de las plataformas establecen una edad mínima de 13 años para crear una cuenta; de ahí que muchos niños de este grupo de edad intenten convencer a sus padres de que les permitan disponer de una propia. Hay que tener en cuenta que la edad legal establecida por la aplicación y el grado de madurez de nuestros hijos no tienen por qué coincidir, lo que me lleva a la que en mi opinión es la norma más importante que podemos establecer para los niños de esta edad.
Mantente firme a la hora de evitar que se creen una cuenta en las redes sociales
Mi recomendación es que no permitas que tus hijos dispongan de una cuenta propia en estas plataformas hasta los 16 años. La edad mínima que indican la mayoría de las tecnológicas es el umbral legal fijado para regular la recopilación de datos. Eso no significa que los niños de 13 años estén emocionalmente preparados para todo lo que conlleva su uso, como la selección de contenidos que elaboran los algoritmos para maximizar el tiempo que dedican a estos servicios, las comparaciones crueles con otros niños de su edad, los comentarios públicos sobre su apariencia y sus gustos y la posibilidad de que intercambien mensajes directos con desconocidos.
Hay estudios que asocian sistemáticamente la exposición a las redes sociales con el aumento de los casos de depresión y el empeoramiento del bienestar de los adolescentes, en concreto de las chicas. Solo por este motivo, lo más sensato es evitar que los niños de esta edad dispongan de una cuenta propia en estas plataformas.
Además, los adolescentes de entre 13 y 15 años están en pleno proceso de conformar su identidad, lo que los hace especialmente sensibles a las opiniones de otros jóvenes de su edad. Aún no han adquirido las herramientas necesarias para poner en perspectiva los comentarios que reciben en estas plataformas. Esperar hasta los 16 permitirá a sus cerebros disponer de unos años más para desarrollarse y adquirir experiencia en el mundo real antes de desenvolverse en este entorno potencialmente perjudicial. A la hora de abordar el tema con tus hijos, es importante que hagas énfasis en que no se trata de que no confíes en ellos, sino de adecuar el tipo de medios al que acceden a su grado de desarrollo cerebral y social.
Cómo abordar la conversación
Evidentemente, lo más probable es que se opongan a esta medida. Es muy posible que su primera reacción sea recurrir al típico argumento de que «todo el mundo tiene una cuenta». A continuación, encontrarás algunas sugerencias sobre cómo responderles:
«Sé que resulta frustrante, y entiendo que hayáis llegado a pensar que todos los adolescentes de vuestra edad utilizan las redes sociales. Esta decisión no se debe a que desconfíe de vosotros, porque tenéis toda mi confianza. La razón por la que la he tomado es la forma en la que están diseñadas estas plataformas y el impacto que, según la ciencia, ejerce sobre el cerebro y la salud mental de los jóvenes de vuestra edad. Mi responsabilidad consiste en protegeros de todo lo que puede ser perjudicial para vosotros aunque no seáis conscientes de los riesgos. Cuando cumpláis 16 años volveremos a hablar del tema».
De este modo, les explicarás por qué has tomado esta decisión y les emplazarás a un momento concreto del futuro para volver a discutir el tema. Eso no significa que vayan a estar más de acuerdo con ella, pero contribuirá a que comprendan tu razonamiento y que les quieres tanto como para establecer estos límites incluso aun sabiendo que van a enfadarse contigo.
Si tus hijos ya han recurrido a algún método alternativo para empezar a utilizar estos servicios —por ejemplo, si han introducido una fecha de nacimiento falsa o se han creado una cuenta a tus espaldas—, habla abiertamente con ellos del tema en lugar de dejarte llevar por la ira. Cuando llegue el momento de decidir si están listos para acceder a estas aplicaciones, conocer las señales a las que debes estar atento te ayudará a tomar la mejor decisión posible para ellos.
Mientras tanto, pueden mantenerse en contacto con sus amigos sin necesidad de emplear una cuenta personal en las redes sociales a través de los chats grupales, las plataformas de videojuegos y las videollamadas —o quedando con ellos en el mundo real—, siempre que se comprometan a respetar los límites que establezcáis juntos. Su principal prioridad es mantener sus relaciones sociales, y hay muchas formas de que satisfagan esa necesidad sin utilizar este tipo de servicios.
Pautas para establecer unos límites digitales para los adolescentes de 13-15 años
A continuación, encontrarás una serie de consejos y pautas adicionales que deberías tener en cuenta a la hora de acordar unas reglas y unos límites con tus hijos:
1. Negocia en lugar de imponer
En el caso de los adolescentes, habrá muchas más probabilidades de que respeten los límites si han participado en su creación. Siéntate con ellos a elaborar un acuerdo digital que incluya los límites diarios que deberán respetar, qué aplicaciones podrán utilizar y cuándo, qué horarios vais a establecer para desconectar durante las comidas y a la hora de hacer los deberes y dónde almacenaréis los dispositivos por la noche.
2. Céntrate en todo a lo que renuncian debido a la tecnología, no solo en los límites de tiempo
En lugar de hacer hincapié en las horas que pasan delante de la pantalla, piensa en todas las actividades que conforman una rutina saludable. Es fundamental que los más jóvenes reserven tiempo todos los días para dormir, practicar algún deporte, hacer los deberes o pasar tiempo con sus amigos. Puedes hacerles preguntas como «¿Vas a hacer los deberes antes de ponerte a jugar?» o «¿Cuándo fue la última vez que quedaste con tu amigo en persona?».
3. Guardad los dispositivos fuera del dormitorio por la noche
Se trata de una norma básica para los adolescentes de esta edad, aunque lo ideal sería empezar a aplicarla desde que nuestros hijos son pequeños. Cargar todos los dispositivos por la noche en una zona común de la casa contribuirá a mejorar la calidad de su descanso y evitará de raíz las tentaciones y los posibles riesgos para su seguridad. Si tus hijos argumentan que necesitan su teléfono para poner la alarma, puedes comprarles un reloj despertador tradicional.
4. Implícate en su vida digital
Infórmate de qué plataforma utilizan, con quién hablan y qué contenido consumen. El objetivo no es que se sientan vigilados. El mero hecho de hacerles preguntas como «¿Qué has visto últimamente?» o pedirles que te hablen de ese juego que les encanta contribuirá a mantener las vías de comunicación abiertas y a concienciarles de que estás pendiente de ellos y te interesas por lo que hacen.
5. Utiliza alguna herramienta de control parental
Aunque nuestros hijos hayan empezado a exigir una mayor autonomía, las herramientas de control parental siguen siendo un componente fundamental a la hora de ofrecerles el apoyo que necesitan. Yo he utilizado Qustodio con mis propios hijos a lo largo de estos años y es la aplicación que suelo recomendar a los padres que acuden a mi consulta. La posibilidad de bloquear automáticamente los dispositivos por la noche evita las discusiones a la hora de acostarse, y los informes de actividad permiten centrar las conversaciones en los hechos para que no terminen convirtiéndose en un intercambio de acusaciones o una excusa para que tus hijos cuestionen constantemente los límites. Esta guía sobre cómo configurar los controles parentales para los preadolescentes y los adolescentes puede ser un buen punto de partida
Cómo abordar el uso de la tecnología a esta edad
Empieza poniendo el foco en vuestra relación en lugar de pasar directamente a los reproches: «He observado que lleváis un tiempo usando el teléfono hasta muy tarde por las noches. No quiero presionaros, pero me preocupa que no estéis durmiendo bien porque he notado que está afectando a vuestro estado de ánimo. Me gustaría que habláramos del tema».
Explícales que ellos son la principal razón por la que has tomado esta decisión: «Los límites que he establecido se basan en lo que dice la ciencia sobre cómo afecta la falta de sueño al cerebro de los adolescentes. No hace falta que estéis de acuerdo conmigo. Tal vez no notéis esos efectos hoy, pero sí mañana y pasado mañana. Quiero ayudaros a dar lo mejor de vosotros mismos».
Anímales a expresar abiertamente su opinión: «Quiero saber qué reglas os parecen razonables. ¿Qué límites creéis que sería justo establecer por la noche durante el curso? Vamos a llegar a un acuerdo que todos podamos comprometernos a respetar».
Sé coherente y cíñete a las normas que habéis acordado. Es normal que los adolescentes pongan a prueba los límites en esta etapa de su desarrollo. Si cedes ante su resistencia, les enviarás el mensaje de que la presión funciona. No dar tu brazo a torcer les enseñará que las reglas son reales y que siempre vas a tomar las decisiones que consideres mejor para ellos aunque no estén de acuerdo o se enfaden.
Limitar el tiempo que pasan los adolescentes de entre 13 y 15 años delante de la pantalla es la mejor forma de ayudarles a tomar conciencia de sí mismos y a desarrollar las habilidades de autocontrol que necesitarán a lo largo de toda su vida adulta. El objetivo no es prohibirles el acceso a los dispositivos para siempre, sino ayudarles a establecer una relación saludable y consciente con la tecnología en un momento fundamental para la formación de este tipo de hábitos. Implicarte sistemáticamente en su vida digital y mantener unos límites adecuados —por incómodos que puedan resultar— es una de las medidas más importantes que puedes tomar para proteger su salud y su bienestar a largo plazo.