El dilema de las redes: ¿la causa de la soledad de los jóvenes o una forma de conectar?

Teens gathering around their smartphones
Una de las cosas de las que se lamentan muchos de los adolescentes que acuden a mi consulta (y sus padres) es que se pasan horas enviando mensajes, comentando publicaciones y navegando por las redes sociales. Tienen cientos de «amigos» digitales, son bombardeados constantemente a notificaciones y rara vez pasan más de unos segundos sin que alguien contacte con ellos. Y aun así, a pesar de toda esa frenética actividad, se sienten perdidos, solos y aislados. 

Nuestros hijos están creciendo en la que probablemente sea la sociedad más «conectada» de la historia y, sin embargo, se sienten más solos que cualquier otra generación anterior.

Puede sonar como una contradicción, pero no lo es. Si estás criando a un adolescente, es probable que hayas tenido ocasión de observar alguna versión de este fenómeno de primera mano, ya sea a través de tus hijos o de sus compañeros. Las redes sociales han cambiado radicalmente el modo en que se relacionan los adolescentes, para bien y para mal. Y aunque han multiplicado algunos tipos de relaciones, también han reducido otros de forma sistemática. Entender cómo les afecta esta realidad es fundamental para ayudarles a desarrollar una vida social que contribuya a su desarrollo personal y satisfaga sus necesidades.

Las ventajas: las redes sociales ofrecen a los adolescentes numerosas oportunidades para conocer a gente nueva 

Para ser justos (y dado que el mantra de que «las redes sociales son malas» tiende a torpedear el diálogo en lugar de a favorecerlo), me gustaría empezar este artículo con una nota positiva y reconocer los beneficios que pueden tener las redes sociales desde el punto de vista de las relaciones.

En el caso de algunos niños, los vínculos que establecen a través de Internet pueden ser realmente valiosos. Los adolescentes con aficiones minoritarias pueden encontrar comunidades a las que no pueden acceder en el lugar en el que viven. Con frecuencia, a aquellos que son más tímidos o que sufren ansiedad social les resulta más fácil empezar una conversación en un chat que cara a cara. Los jóvenes con enfermedades crónicas, discapacidades o una identidad marginada me confiesan a menudo que la primera vez que tuvieron la sensación de pertenecer realmente a un grupo fue a través de Internet. Y estas plataformas también resultan muy útiles a la hora de mantener las relaciones a distancia —por ejemplo, en el caso de un amigo que se ha mudado o de un primo que vive en otra ciudad—.

Las investigaciones sobre el uso que hacen los adolescentes de las redes sociales y el modo en que interaccionan en ellas refleja este matiz. Estos estudios distinguen entre las redes sociales que fomentan las relaciones y aquellas que terminan reemplazándolas. La misma aplicación puede hacer ambas cosas, dependiendo de cómo se utilice.

Los inconvenientes: estas plataformas también pueden afectar al modo en que nuestros hijos interactúan con los demás

El problema en sí no es que los adolescentes «hablen a través de la Red», sino lo que esta forma de comunicarse suele sustituir, y el modo en que puede afectar a la percepción que tienen de sus relaciones con otros jóvenes. 

1. El desplazamiento del tiempo que dedican a socializar en persona

Un estudio llevado a cabo recientemente sobre la relación entre el uso de las redes sociales y la soledad de los adolescentes ha descubierto que la adicción a estas plataformas es el comportamiento que más tiende a asociarse con la soledad de todos los hábitos de uso analizados. 

Los adolescentes adictos a las redes sociales pasan largos periodos de tiempo navegando sin un objetivo concreto y muestran una fuerte obsesión con los «me gusta» y los «clics». Una de las razones por las que creemos que se intensifica su soledad es lo que denominamos «desplazamiento»; es decir, el modo en el que se reduce el tiempo que dedican a relacionarse en persona a medida que aumenta el que pasan conectados. 

A la larga, esta fuerte dependencia de las redes sociales para sentirse gratificados a nivel social debilita las relaciones y las redes de apoyo de nuestros hijos en el mundo real. Cada hora que dedican a navegar por estas plataformas es una hora que no pasan en casa de un amigo, tocando con su banda o entrenando con su equipo, o practicando la clase de conversaciones presenciales y no estructuradas que contribuyen a generar la cercanía social. 

2. La tendencia a convertirse en consumidores pasivos en lugar de conectar

Existe una importante diferencia entre conversar con un amigo mediante mensajes y contemplar silenciosamente las historias de cientos de personas. La mayor parte de la actividad de los adolescentes en las redes sociales entra en la segunda categoría, ya que se dedican a observar las vidas de otros usuarios sin participar realmente en ellas. Esa experiencia ofrece la misma información social que estar en una habitación llena de gente, pero nada de la calidez y la comprensión que caracteriza a las relaciones reales. 

3. La trampa de las comparaciones

A esta edad, nuestros hijos se encuentran en una etapa de su desarrollo en la que suelen compararse con otros jóvenes. Las redes sociales les ofrecen una selección infinita de publicaciones para hacer precisamente eso y, con frecuencia, deciden que la vida de los demás es mejor que la suya. La consecuencia es un sentimiento persistente de que no están a la altura, que es algo que las amistades en persona rara vez suelen generar.

4. El FOMO genera un círculo vicioso

Los investigadores que analizan la relación entre la soledad y la adicción a las redes sociales de los adolescentes han descubierto que el denominado «miedo a perderse algo» (también llamado «FOMO», por sus siglas en inglés) contribuye a explicar la asociación que existe entre ambas. En concreto, las culpables son la ansiedad que generan las comparaciones sociales y la tendencia compulsiva a comprobar lo que sucede en la Red. 

Se trata de un ciclo que veo a menudo en mi consulta: un adolescente se siente excluido, entra en las redes sociales para ver lo que se está perdiendo, encuentra pruebas que confirman que se está perdiendo algo, se siente peor y vuelve a comprobarlo. Este proceso se convierte en un bucle recurrente que incrementa la soledad en lugar de fomentar cualquier tipo de conexión significativa. Las mismas plataformas que prometen que los niños se sentirán incluidos son con frecuencia la principal razón por la que se sienten excluidos y solos.

Por qué las redes sociales pueden afectar más a los adolescentes más jóvenes

Cuanto más jóvenes son nuestros hijos, más vulnerables son ante todas estas dinámicas. Un niño de 12 o 13 años no posee todavía la perspectiva suficiente para entender que las publicaciones que aparecen en su cronología han sido cuidadosamente seleccionadas, ni tampoco el control emocional que le permitiría calmarse por la noche al ver que hay una fiesta y no ha sido invitado, ni la experiencia social necesaria para saber que la actividad digital de un grupo de amigos nunca cuenta toda la historia.

Esta es otra de las razones por las que recomiendo que los niños no tengan una cuenta propia en las redes sociales al menos hasta los 16 años. No se trata de prohibirles que usen estas plataformas porque sí, sino para proteger esos años en los que desarrollan las habilidades necesarias para hacer amistades en persona y en los que la autoestima social de los adolescentes es más frágil que nunca. Cada niño es un mundo, pero es importante que seamos conscientes de qué aspectos debemos valorar a la hora de tomar esta decisión respecto a nuestros hijos; por ejemplo, si tienen una autoestima saludable, demuestran que han desarrollado sus habilidades sociales en el mundo real y son capaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones.

Asimismo, hay que tener en cuenta también que ha surgido otra variante de este problema relacionada con la IA. Cada vez más adolescentes solitarios recurren a bots de compañía basados en la IA para conseguir la conexión emocional que no sienten a través de las relaciones que mantienen en el mundo real. Es posible que crean que estas aplicaciones y «conversaciones» les ofrecen el apoyo que buscan, pero no contribuyen a desarrollar las habilidades sociales que necesitan en la vida real y pueden terminar agravando su soledad.

 

teen girl using smartphone alone

Qué podemos hacer los padres para ayudar a nuestros hijos a disfrutar de una vida social equilibrada

1. Dar prioridad al tiempo que comparten en persona con otros jóvenes de su edad

El tiempo que pasan con otros adolescentes en el mundo real es fundamental para que desarrollen amistades reales. A menudo, los padres tenemos que planificar de forma intencionada estas oportunidades. Lleva a tus hijos a casa de un amigo, permite que vayan a una quedada en el centro comercial o ayúdales a organizar una sesión de cine para un grupo de compañeros. 

Sé que esta recomendación puede parecer una carga más para los progenitores, pero el esfuerzo de organizar actividades en persona para nuestros hijos es una de las cosas más importantes que podemos hacer para ayudarles a desarrollar relaciones reales.

2. Diferenciar el uso activo del pasivo

Ayuda a tus hijos a entender y a tomar conciencia de la diferencia que existe entre hablar con la gente y limitarse a observarla. Pregúntales abiertamente: «¿Cuando usabas el teléfono anoche, hablabas de verdad con alguien?». Comprender qué implica usar la tecnología de forma pasiva y activa es una de las habilidades esenciales que debemos inculcarles.

3. Asegurarnos de que reservan tiempo para realizar al menos una actividad social en el mundo real

Puede ser un equipo deportivo, un club, un trabajo, un grupo juvenil o un comité de voluntarios que se reúne de forma regular; cualquier cosa que permita a tus hijos compartir la misma habitación con las mismas personas periódicamente. Quedar una y otra vez con la misma gente para hacer cosas es la base que permite desarrollar la amistad, y este tipo de actividades estructuradas son fundamentales para fomentarla, sobre todo si el colegio no les ofrece oportunidades suficientes para cultivar esta clase de relaciones.

4. Abordar el tema del FOMO y las comparaciones cuando surja la oportunidad

Observa si tus hijos suelen compararse con alguien que han visto en Internet o hablan de que se sienten excluidos. Puedes responderles algo como lo siguiente: «Sabes que solo están publicando los mejores momentos de la semana, ¿no? Nadie comparte el momento en el que se sientan en la cama porque se aburren». A nivel racional saben que es así, pero recordárselo puede ser una buena forma de poner las cosas en perspectiva.

5. Mantenernos atentos a las señales que pueden indicar que sufren algún tipo de soledad 

Estate pendiente de si tus hijos dejan de realizar actividades de las que solían disfrutar, no mencionan el nombre de sus amigos, se muestran cada vez más irritables o dedican más tiempo del habitual al teléfono en detrimento de sus planes sociales. Este tipo de comportamientos pueden indicar que están desarrollando una adicción a las redes sociales que intensifica sus sentimientos de aislamiento. Discute abiertamente con ellos tus temores y prepara un plan para abordar el problema si es necesario.

Cómo ayudar a tus hijos a gestionar el uso de las redes sociales

Las herramientas como Qustodio son útiles por muchas razones, pero en este caso te permiten ver cómo usan tus hijos los dispositivos y las aplicaciones, no solo el tiempo total que pasan delante de la pantalla. Puedes utilizar esta información para sentarte a hablar con ellos en un tono comprensivo sobre su actividad digital y sobre cómo se sienten. Los límites que puedes configurar en los juegos y las aplicaciones también te ofrecen la posibilidad de controlar el tiempo que dedican a las plataformas más problemáticas mientras te aseguras de que pueden utilizar otro tipo de herramientas —como las aplicaciones de mensajería—para comunicarse con los amigos a los que conocen en el mundo real.
 

Cuando hablamos de las redes sociales y de cómo afectan a las relaciones, el objetivo no es simplemente conseguir que tus hijos descansen del teléfono o de aquellas plataformas que consideras que no les aportan nada, sino asegurarte de que el tiempo que les dedican no va en detrimento de la clase de relaciones que satisfacen sus necesidades como seres humanos. Los adolescentes necesitan gente que les conozca, con la que puedan quedar a menudo e interactuar en persona. Esa clase de amistad no se desarrolla a través de una pantalla o de un algoritmo. Ayudarles a crear una vida que incluya actividades y relaciones en el mundo real es esencial para equilibrar de forma saludable el tiempo que pasan conectados.